martes, 8 de marzo de 2011

Como la vida misma (Life as we know it)

Como la vida misma llega a los cines con el título que ya presentó otra comedia romántica estrenada en el año 2007 y protagonizada por el cómico Steve Carell. No suele ser habitual que se repitan títulos, que lleva a la confusión por parte de los espectadores, pero una vez puestos sobre aviso, comenzamos a hablar de la nueva Como la vida misma. Se trata de, cómo no, una comedia romántica, dirigida por Greg Berlanti, que hasta ahora sólo había dirigido una película en el año 2000: El club de los corazones rotos.

Holly Berenson y Eric Messer se conocieron hace un tiempo gracias a unos amigos, e intentaron salir a cenar, pero la cosa no marchó nada bien. De todas formas, cuando sus amigos se casaron y tuvieron un hijo, ellos siguieron viéndose de forma involuntaria. Su relación no mejoró, ni mucho menos. Mientras Holly intentaba sacar adelante su negocio y encontrar un buen chico, Eric se llevaba a la cama a todas las mujeres atractivas que encontraba por el camino. Esto siguió así hasta que la relación de los dos cambió de manera inesperada cuando Sohpie, la ahijada de ambos, se cruza en su vida y ellos se convierten en lo único que le queda a la niña. A partir de entonces tendrán que dejar sus rencillas personales a un lado y colaborar para que la niña tenga una buena educación e infancia, algo para lo que indudablemente no están preparados.





La actriz Katherine Heigl se ha convertido en la nueva Meg Ryan de las comedias románticas, o en la nueva Jennifer Aniston, dependiendo de la década en la que nos fijemos. Heigl está en todas partes, no se pierde ni una comedia romántica de presupuesto, y ha estado emparejada en la ficción con montones de los galanes más sexys de la actualidad de Hollywood. Pero ese toque inocentón de la actriz, que se está exprimiendo en cada una de sus películas, ya comienza a cansar. Heigl no tiene nada con lo que sorprendernos, nos la conocemos de arriba a abajo, y sus posibilidades de ganarse más cariño del público son más bien bajas. Ha explotado demasiado éste perfil, y ya comienza a necesitarse a gritos que tome una nueva dirección en su carrera, porque está alarmantemente cerca de resultar agotadora para propios y extraños. En Como la vida misma está ahí en pantalla, la vemos, pero no nos transmite nada de nada. Ni siquiera sus escenas de comedia, más bien mínimas, nos hacen especial gracia, algo que al menos sí ocurría en algunas de sus películas previas.

El protagonista masculino es Josh Duhamel, que también lleva una carrera notable en el género de las comedias románticas. El actor no debe ni necesitar leer los guiones, porque siempre le dan los mismos papeles: el tío guapo que se las liga a todas y que parece tener poco respeto por las mujeres y por buscar una relación seria. Al menos a Duhamel le quedan sus apariciones en la franquicia Transformers, donde cambia radicalmente de registro. Porque en Como la vida misma, ocurre eso que decíamos, que interpreta el personaje de siempre y lo hace sin esforzarse de manera especial. Aunque su trabajo raya a una altura un poco superior a la de su coprotagonista.

La curiosidad de la película la pone la niña, Sophie, caracterizada por las trillizas Clagett, tres jóvenes hermanas llamadas Alexis, Brynn, y Brooke. Al margen de esto hay algunos secundarios, como Melissa McCarthy, pero nadie tampoco que nos haga destacarles de manera especial.





El director Greg Berlanti llevaba diez años sin ponerse tras las cámaras y sorprenda que ahora lo haga, después de producir muchas series de televisión, para ofrecernos ésta película. Porque Como la vida misma es más de lo mismo, una comedia romántica que de comedia tiene poca cosa, y que se limita a seguir las bases de lo habitual bajo un argumento un poco más original que de costumbre. Los primeros 40 minutos resultan hasta entretenidos, después todo comienza a introducirse a través de las vías habituales y sabemos qué va a ocurrir en cada momento, incluido obviamente, el final.




Si la interpretación de los protagonistas al menos fuera un poco especial, la película ganaría puntos positivos, pero ni eso. En definitiva, se trata de un film muy poco imaginativo (salvo la situación que lleva a que los protagonistas se encuentren en convivencia, eso sí que es chocante), con un desarrollo predecible, personajes secundarios que están por estar, y un nivel de comedia por debajo de la media, que sólo nos hará esbozar una sonrisa por ver algunas de las situaciones por las que pasarán los protagonistas, unos primerizos en cuidar de niños (pero que hemos visto montones de otras veces en el cine, o que nos son familiares por experiencia propia).




Como la vida misma es otra comedia romántica más, del montón, que pasará por los cines con más pena que gloria, y que no aprovecha para nada el potencial de sus protagonistas. A Katherine Heigl se le acaba el tiempo, al menos en lo referente a éste género, y ya empezamos a cansarnos de verla siempre en el mismo papel. Posiblemente, si uniéramos escenas de las más recientes comedias románticas protagonizadas por Heigl, y les quitáramos el sonido, argumentalmente podrían tener hasta algún sentido. Porque Como la vida misma es eso, una película vacía y que quizá te entretendrá, pero que no recordarás ni desearás ver una segunda vez por ninguna de las cosas.